miércoles, 14 de noviembre de 2012

¡¡Madrid, castizo! ... agua, azucarillos y aguardiente.

El viejo y entrañable Madrid, con sus viejas peluquerías, ya desaparecidas, con sus bares históricos, casas de comidas, restaurantes, hoteles de lujo, pensiones no tan cómodas y un sinfín de inolvidables establecimientos, que vivieron nuestros padres y abuelos y que también podemos recordar muchos de nostros.

El apellido Botín siempre ligado a la buena cocina madrileña, sin olvidar la sabrosa pasteleria. Considerado como el establecimiento más antiguo del mundo, ya funcionando en la primera mitad del siglo XVIII.

Entrañables establecimientos, muchos ya desaparecidos, pero que recordamos a través de la carta de presentación más asequible....¡un azucarillo!. Curiosamente uno de los que más años atesoran es el que señala a la cafetería Chikito, se trata, sin duda, de un azucarillo de los años 80. Aquel emblemático bar, situado en el barrio de Salamanca, hacía las mejores croquetas de huevo duro que se recuerda...los descendientes del fundador mantienen vivo el recuerdo y la clientela, como lo hizo allá por los años de la guerra,  su fundador.

Cada sobre tiene su propia historia, no muy lejana en el tiempo, pues se considera  un azucarillo antiguo, a los manufacturados en los años 60-70-80. No obstante los señalados en esta foto tienen su propia vida, han compartido sensaciones de personas junto a un delicioso café, charlando y pasando buenos momentos;  tuvieron su momento, su lugar en la historia y afortunadamente alguien tuvo el gesto de guardarlos, de conservarlos,  y de esa manera podemos disfrutarlos ... pues prácticamente están ya desaparecidos de la circulación.

No es frecuente el coleccionismo de azucarillos nominativos, referidos a establecimientos concretos, ó al menos no es tan popular como el coleccionar colecciones, series enteras; es decir, sobres que no son unitarios como los que aparecen en la foto.

Particularmente valoro que el sobre de azucar haya sido utilizado y que tenga su antiguedad. Esa particularidad, para mi, le da un valor añadido al azucarillo, valor sentimental,  por lo que conlleva el haber participado de las tertulias cafeteriles, en mil y una reuniones de todo tipo, en muchos casos, de personas y de establecimientos ya fuera de la circulación.

El coleccionismo, sea de lo que sea, entraña siempre algo, la persona en cuestión va guardando objetos y objetos de todo tipo, y en algún momento decide ó llega a la conclusión que todo ello forma parte de la vida, que son recuerdos, que es su infancia ó incluso la de sus padres o abuelos ....y tratará de siempre de transmitir ese sentimiento. El coleccionista no es una persona normal, su personalidad va mucho más lejos de ser "superficial" o "pasota" se involucra con la historia, con los recuerdos, con las añoranzas; aspectos estos muy importantes de nuestro continuado vivir y sin vivir.

Todos ellos, me refiero a cada uno de estos azucarillos, tienen su historia. Algunos como Restaurante La Genara, encierran curiosas historías, vidas dedicadas a una labor. En este caso Genara fue una excepcional cocinera de la casa, y claro, este afamado restaurante la recuerda con enorme cariño, como no podía ser de otra forma.

Muchos de estos bares y restaurantes, que han vuelto a la vida -desparecieron en su momento- fueron remodelados,  y de alguna manera,  están devolviendonos  los recuerdos que antaño sus clientes vivieron en su interio;  tertulias, almuerzos, cafés en agradable compañía, pero yo siempre recuerdo,  que el azucarillo ha sido fiel, ha estado durante años sobre el mostrador, esperando que una mano lo tomara para endulzar su café...sin duda es y ha sido un gran protagonista.


Entrañables establecimientos todos ellos, algunos inolvidables, por los buenos momentos pasados en su interior. Lamentablemente van desapareciendo con el paso del tiempo; quizás, el café de Gijón, en el Paseo de Recoletos, y que abrió sus puertas en 1888, es el único que permanece abierto, de los de la época de nuestros abuelos... ¡claro!
















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